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DOBLE LLAVE – Muchos empresarios esperan los datos oficiales de inflación para ajustar precios, presupuestos y otros instrumentos útiles para la toma de decisiones, asumiendo  que su empresa se ve afectada por ese mismo índice oficial, lo cual es un inmenso error. Así lo señala Oscar Villalón, MBA, director del Instituto de Estudios Financieros, quién agregó en conversación y trabajo especial para Bitfinance.News que, sobre todo dicho error se comete en épocas de hiperinflación, donde los sesgos suelen ser bastante grandes. “Raramente la inflación real de la empresa va a coincidir con un índice oficial que obedece a la variación que experimenta una canasta de bienes y servicios que puede estar muy alejada de lo que consume una entidad privada. Para aclarar esto, es conveniente recapitular un poco sobre este fenómeno y el instrumental que se utiliza para medirlo”.

Villalón explica resumidamente que la inflación es el aumento generalizado y sostenido de todos los precios de los bienes y servicios que se producen en una economía. Es generalizado porque afecta a todos los bienes y servicios, y sostenido porque no se detiene sino que se mantiene subiendo todo el tiempo aunque en distintas magnitudes. De acuerdo con su intensidad, las inflaciones suelen agruparse en tres tipos, prosigue:

Inflación moderada: Cuando el alza de precios no alcanza el 10% anual.

Inflación galopante: Se da en el caso de que existan inflaciones altas, entre dos y tres dígitos.

Hiperinflación: De acuerdo con la definición de Phillip Cagan de 1956, se alcanza cuando durante 6 meses consecutivos la inflación es mayor al 50% mensual y termina cuando se está por debajo de esa tasa durante un año.

Otro fenómeno muy pernicioso en una economía es lo que se conoce como stagflation, del inglés stagnation (estancamiento) e inflation (inflación) y que se produce cuando viene un estancamiento en medio de un proceso inflacionario. Es decir, lo peor de ambos mundos. Las cifras que se han dado en los últimos años en Venezuela son tan altas que tendríamos que hablar de hyperstagflation, es decir, una inflación tan alta que derivó en hiperinflación y un estancamiento tan agudo que redujo el producto en casi un 70% en 6 años.

En efecto, en el caso venezolano las cifras oficiales son las siguientes:

FUENTE: BCV y AN cuando no hay BCV. Año base del PIB: 2013 = 100%

Aunque en el año 2019 la inflación se desaceleró, seguimos estando en hiperinflación según la definición de Phillip Cagan ya mencionada. Pero si agregamos la enorme caída acumulada del PIB, tenemos que aceptar que estamos en hyperstagflation.

El punto que nos interesa es ver cómo se mide la inflación y esto se realiza a través de los denominados Índices de Precios que se elaboran básicamente con los siguientes modelos expuestos a continuación.

Laspeyres: Diseñado por el estadístico y economista alemán Ettienne Laspeyres, parte de una canasta “q” ponderada por “p” de bienes y servicios a una fecha tdeterminada y va comparando exactamente la misma canasta con los precios que se van sucediendo en fechas posteriores tn. Solo varían los precios “p” en el tiempo, no las cantidades “q”:

De esta manera, mensualmente la canasta valorizada a los precios tn comparada con la canasta a los precios to  va a mostrar el incremento en la variable precios para el mes.

Paasche: Diseñado por el estadístico y economista alemán Hermann Paasche tiene la misma estructura que Laspeyres, solo que en vez de usar la canasta anterior to, va a usar la canasta actual tn. También solo varían los precios, pero la canasta es la actual; ergo hay que modificar el denominador todos los meses.

Índice de Paasche:

También, solo se muestra el impacto de la variable «precios» pero la canasta es la actual.

Fisher: Diseñado por el estadístico y economista estadounidense Irving Fisher, procura equilibrar las críticas que se formularon a los alemanes Laspeyres (que sobrevalora la inflación) y Paasche (que infravalora la inflación) proponiendo un promedio geométrico de los dos índices anteriores:

No es más que la raíz cuadrada de los índices de Laspeyres y de Paasche.

Por su facilidad operativa, siempre se ha preferido medir la inflación con el índice de Laspeyres, construyendo una canasta de bienes y servicios en un año base y cada cierto tiempo actualizándola para evitar la obsolescencia derivada de los patrones de consumo de la población, apunta el director del Instituto de Estudios Financieros.

Oscar Villalón, MBA, director del Instituto de Estudios Financieros

Pero el interés por conocer la variación en los precios no es solo de los consumidores, que de hecho es una guía para las políticas públicas, sino también de distintos sectores de la economía como mayoristas, construcción, agricultura, servicios, bienes regionales, nacionales e importados.

“Obviamente los resultados pueden ser parecidos pero nunca iguales. Es decir, hay sectores más impactados que otros por el fenómeno inflacionario, dependiendo de su estructura de costos y de gastos y de la naturaleza de los mismos. Por lo tanto, algunos directivos pueden cometer serios errores si al tomar decisiones donde es importante el factor inflacionario se dejan guiar por los índices de precios oficiales al consumidor, nacionales, regionales o sectoriales”. Pueden quedar fuera de mercado por estimar en exceso o afrontar pérdidas al estimar en defecto, destaca el experto.

Sobre todo en épocas de hiperinflación, o peor aún, en épocas de hyperstagflation es difícil que existan dos empresas que se vean impactadas de la misma manera por los índices inflacionarios. Si una depende en mayor medida de insumos importados y la tasa de devaluación va por debajo de la tasa de inflación, es posible que el impacto inflacionario sea menor que el de otra empresa similar que utilice mayormente insumos nacionales. Lo mismo sucederá en sentido inverso si en un momento dado la tasa de inflación va por debajo de la tasa de devaluación.

Por las consideraciones anteriores es que nos permitimos recomendar que toda empresa de importancia que tenga que tomar decisiones bajo condiciones de incertidumbre como en la Venezuela actual, elabore su propio índice de inflación pasado y proyectado a partir de un detenido estudio de la sensibilidad de los componentes del costo de sus productos y servicios frente a las tasas sectoriales de inflación, combinadas con las posibles tasas de devaluación esperadas. Esta herramienta debe actuar como un termómetro de la actividad económica de la empresa y debe estar siempre actualizada, máximo mensualmente; quincenalmente mejor, recomendó el especialista.

Tomado y con información de Bitfinance.News

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