Los policías checos marcan con rotulador a los migrantes que buscan asilo



Las imágenes de los refugiados y las tragedias que viven en su marcha por llegar a Europa occidental abren viejas heridas entre los supervivientes del Holocausto, que recuerdan cómo fue su propia búsqueda de un lugar seguro donde vivir.

Estos días se ve mucha solidaridad con los refugiados, pero también rechazo, indiferencia y una burocracia que transforma en números a las personas. Las imágenes de los barcos repletos de personas, de niños muertos en la orilla del Mediterráneo, de la valla de espinos en la frontera húngara y de los números que llevan escritos en las manos los sirios, eritreos y afganos, reviven las pesadillas de supervivientes como Roman Kent.

El presidente del Comité Internacional de Auschwitz, de 86 años, nació en Lodz y vive hoy en Estados Unidos. Sobrevivió a Auschwitz, Dachau y a otros campos de concentración de los nacionalsocialistas alemanes, y lo que ve ahora le recuerda a la búsqueda desesperada de los judíos de un país seguro donde vivir. “Ese día el bote estaba lleno y los corazones, vacíos”, señaló.

“Esta es una imagen que no podemos soportar”, comentó por su parte Ruth Dureghello, presidenta de la Comunidad Judía de Roma, en alusión a las marcas que hacen los policías checos con rotulador a los refugiados. Las imágenes desataron una oleada de críticas en las redes sociales.

Maram Stern, vicesecretario general del Consejo Mundial Judío, escribió en un comentario que “muchos judíos tienen flashbacks con imágenes de hace 80 años cuando ven a los que huyen”. También entonces las fronteras de muchos países estaban cerradas y, como ahora, se demuestra que esa no es la respuesta correcta, subrayó Stern.

Hungría reaccionó a la llegada masiva de refugiados a través de la llamada Ruta de los Balcanes construyendo una valla de alambre de espino en la frontera con Serbia. Los supervivientes del Holocausto llevan tiempo denunciando en este país la política interna del primer ministro conservador de derechas, Viktor Orban, que incluye, entre otras cosas, la persecución de los gitanos, que recuerda a los pogromos contra los judíos hace 80 años.

La valla y las escenas en la estación de trenes de Budapest, donde acampaban cientos de familias porque no se les permitía seguir su viaje, causan repulsión a muchos supervivientes del Holocausto, comenta Christoph Heubner, vicepresidente ejecutivo del Comité Internacional de Auschwitz.

“Ven familias, mujeres y niños, personas que intentan desesperadamente permanecer juntas para alcanzar un objetivo de esperanza, y eso les recuerda inevitablemente a su propio destino, sus propios miedos y la indiferencia de tantos que presenciaron su sufrimiento”, añade.

Por eso son tan importantes en su opinión las otras imágenes, las de la solidaridad. “Es importante que Alemania mantenga ante la cuestión de los refugiados una posición que no la lleve a cerrarse, sino a soluciones humanitarias (…). Alemania aprende las lecciones correctas de su historia”.

Kent no ve la situación de manera tan positiva. “Se habla de las necesidades y los problemas de los refugiados en muchas partes de una forma fría y demagógica”, opina. “Ya no estoy seguro de si el mundo en el que nacen hoy los niños es más digno de confianza que aquel en el que nacimos nosotros. Esta es una conclusión muy amarga para un anciano”.

LS

Con información de dpa.

Fotografía REUTERS/Dimitris Michalakis.

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