La seguridad alimentaria del planeta está en duda. Mientras tanto, Venezuela recibe reconocimiento de la FAO



En 1996 se acordó en la Cumbre Mundial de la Alimentación que la seguridad alimentaria existe “cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”.

Y desde 1990 se ha trabajado duro para lograr la meta 1.C de los Objetivos del Milenio relacionados con el tema alimentario: reducir a la mitad, entre ese año y 2015, la proporción de personas que padecen hambre.

Países como Ghana y Brasil han logrado disminuir considerablemente la hambruna dentro de sus fronteras. No obstante, pese al progreso mundial, unas 800 millones de personas siguen sin tener suficiente comida, lo cual es injustificable para la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), pues la producción de alimentos a nivel mundial realmente no es escasa.

José Graziano Da Silva es el creador del programa “Hambre Cero” en Brasil y ha estado a la cabeza de la FAO desde 2012. En una entrevista, el directivo habló sobre los retos que plantea el futuro, las posibilidades que ofrece la tecnología y cómo pueden contribuir todos los ciudadanos en la lucha contra el hambre.

Uno de los factores que más afecta actualmente la seguridad alimentaria es el cambio climático. No deteriora solo la flora y la fauna, nosotros también corremos peligro, al igual que los cultivos a nivel mundial.

Según la Agenda de Desarrollo Post-2015 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, “el entorno para la producción de alimentos y la producción agrícola es cada vez más difícil -especialmente para los pequeños agricultores- debido a la degradación de los recursos naturales, los fenómenos meteorológicos más graves y frecuentes, la globalización, la urbanización y la concentración del mercado”.

Entre los efectos más evidentes del cambio que sufre el ambiente está la reducción de las propiedades nutricionales de algunos alimentos. Esto se debe a la mayor concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, que disminuye la cantidad de zinc, hierro y proteínas, y aumenta el contenido de almidón y azúcar en cultivos como los del trigo y el arroz.

El agua también es un factor vital en la producción de alimentos. El uso del recurso hídrico esencial para la vida humana ha aumentado a más del doble de la tasa de crecimiento de la población en el siglo pasado y es considerado un elemento esencial para garantizar la seguridad alimentaria, según la ONU. Y a pesar de que la FAO informa que a nivel mundial no hay escasez de agua en el sentido literal de la palabra, sí existe un número que va en aumento de regiones que se enfrentan a una escasez crónica del recurso.

La ONU considera que “para lograr de forma sostenible la erradicación de la pobreza, la seguridad alimentaria y la resiliencia ante los desastres naturales y de origen humano, es preciso mejorar la productividad del agua, desarrollar una infraestructura apropiada, implementar un enfoque integrado de la gestión de los recursos hídricos, mejorar los sistemas de gobernanza del agua a todos los niveles, y proteger y restaurar la capacidad de los ecosistemas para apoyar la gestión sostenible del agua, incluyendo los recursos biológicos acuáticos que dependen del agua”.

Asimismo, las sequías y los ciclones afectan el transporte de los alimentos y las cadenas de suministros. Como se aprecia, el cambio climático realmente influye en el nivel mundial de seguridad alimentaria.

Como consecuencia, la ciencia y la tecnología se han puesto en marcha para desarrollar proyectos que permitan obtener información más precisa sobre el medio ambiente y las condiciones de los cultivos.

El pasado 23 de junio la Agencia Espacial Europea lanzó el satélite Sentinel-2ª. Este permitirá evaluar las posibilidades de explotación agrícola de la tierra y a partir de ahí establecer estrategias para optimizar la producción de alimentos. Además, será un apoyo a la Iniciativa de Observación Agrícola Mundial, que ofrece datos sobre las condiciones de los cultivos al Sistema de Información del Mercado Agrícola (AMIS, por sus siglas en inglés), una plataforma creada a petición del G20 en el año 2011 para mejorar la transparencia de los mercados de materias primas.

El nuevo Sentinel cuenta una tecnología mucho más avanzada que la de otros sistemas, pues es capaz de controlar la producción de cultivos en todo el mundo, incluidas aquellas regiones húmedas cubiertas por nubes.

“La creciente amenaza del cambio climático para el suministro mundial de alimentos y los retos que plantea para la seguridad alimentaria y la nutrición requieren medidas políticas concertadas urgentes”, afirmó la directora para los Recursos Naturales de la FAO, Maria Helena Semedo.

En consecuencia, la contribución científica del Sentinel es un aporte a la generación de datos que podrían ser consultados por las organizaciones encargadas de erradicar el hambre y la inseguridad alimentaria. Además, es una herramienta de información para llegar a acuerdos políticos explícitos y la asignación de recursos suficientes de manera oportuna y eficaz, tal como lo expresó Semedo.

Por su parte, Graziano afirma que el gasto de alimentos de los países ricos es mayor, pues no son manipulados correctamente al ser preparados tanto en casa como por servicios de catering. Además, las técnicas de marketing impulsan a los consumidores a comprar más de lo que necesitan y se desperdicia comida. Así que todos los ciudadanos del mundo pueden ayudar desde su espacio: malgastar lo menos posible los alimentos, ahorrar agua e incluso consumir productos orgánicos, pues este tipo de insumos dejan una menor huella de carbono y contribuyen a la reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero.

Caso Venezuela

En el marco de la seguridad alimentaria, en 2008 se promulgó la Ley de Seguridad y Soberanía Agroalimentaria, en la cual se expresa que es “indispensable garantizar a las ciudadanas y los ciudadanos venezolanos el acceso oportuno a alimentos de calidad, en cantidad suficiente, con preferencia de aquellos producidos en el país, sobre la base de las condiciones especiales propias de la geografía, el clima, la tradición, cultura y organización social venezolana”.

Según la FAO, Venezuela disminuyó en 79,2% el índice de la subalimentación entre 1990 y 2015. Además, la desnutrición infantil se redujo a 57%, pasando de 8% a 3,3%. Incluso, según la Organización Mundial de la Salud, hace varios años que la desnutrición en Venezuela no es un problema de salud pública. A esto se le suma que desde 1998 el aporte calórico por persona ha aumentado de 2.140 a 2.720 kilocalorías diarias, nivel que la FAO califica como suficiencia alimentaria plena.

Por ese motivo, en julio de este año el país recibió un reconocimiento por parte de la organización, con Graziano como representante, debido a los “progresos notables y extraordinarios en la lucha por la erradicación del hambre”.

Marcelo Resende, representante de dicha organización en suelo criollo, consideró que Venezuela es un ejemplo de políticas públicas para combatir el hambre y recalcó el compromiso por parte del Gobierno para garantizar que los cuidadanos cuenten con seguridad alimentaria. “Venezuela es uno de los países que tiene la mayor red pública y abastecimiento público en el mundo: Mercal, Mercalito, Pdval y Bicentenario; la FAO reconoce esto, felicitaciones a todo el pueblo venezolano y cuenten siempre con nuestro reconocimiento”, indicó Resende.

Por su parte, el vicepresidente de la República, Jorge Arreaza, aseguró que los datos que la FAO comparte en su informe de 2015 indican que “hemos avanzando en la lucha contra el hambre, pero nos falta mucho por recorrer y debemos acelerar el ritmo definitivamente”.

Sin embargo, el profesor del IESA y experto en el tema agroalimentario, Carlos Machado Allison, explica que dicho nombramiento no se ajusta a la realidad del país. Para aclarar por qué, presenta datos que se contraponen a lo dicho por la FAO y a lo contemplado en la Ley de Seguridad y Soberanía Agroalimentaria.

En muchos de sus documentos, la organización resalta la necesidad de establecer una agricultura sostenible, el uso de la tecnología para aumentar la productividad, los derechos de propiedad, uso racional de los recursos naturales e incremento de la producción.

En consecuencia, Machado expresa que hay varios factores de las políticas nacionales que afectan los elementos que integran la definición de la FAO sobre seguridad alimentaria: la disponibilidad, la regularidad, el acceso y el respeto a las idiosincrasias alimentarias.

De por sí, cada año se incorpora a la población nacional cerca de medio millón de personas, lo que representa 5 millones en diez años, mientras que la producción se mantiene más o menos constante. Eso implica que cada año la producción per capita disminuye.

Por su parte, la elevada liquidez monetaria, el estancamiento de la producción nacional, el control de precios y de acceso a las divisas ha elevado la inflación y ha hecho que la escasez de productos sea crónica. A esto se suma la intervención, decomiso, acoso al sector privado y la violación de los derechos de propiedad.

No es primera vez que Venezuela recibe un reconocimiento por la FAO en lo que a seguridad alimentaria se refiere. En 2012 fue por la reducción del hambre y la pobreza extrema en más del 50%, mientras que en 2013 se otorgó un reconocimiento por ubicarse, de acuerdo a estimaciones de la organización, en el grupo de 15 países que han realizado progresos extraordinarios por reducir la subnutrición del 13,5%, en el período 1990-1992, a menos de un 5% durante el lapso 2010-2012.

Luego, en octubre de 2014 fue anunciado un nuevo reconocimiento dirigido a la Misión Alimentación, una iniciativa que impulsa los programas sociales con jornadas de distribución de alimentos con los llamados precios justos.

Volviendo al principio de la seguridad alimentaria planteados por la FAO en 1996, es legítimo preguntarse: ¿tienen todos los habitantes del país acceso físico y económico en todo momento a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana? Probablemente este sea uno de esos temas en los que cada quién deba sacar su propia conclusión.

Eimy Daniela Cauterucce

Fotografía dpa/Roberto Pera.

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