DOBLE LLAVE – Wilson Uraparí pasó seis años sin hablar con su madre y Adrián Zambrano dice que no volverá a empuñar un fusil, pero ambos esperan, junto a otros 97 exguerrilleros de Comandos de la Frontera, que el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, mantenga el proceso de paz que los llevó a dejar las armas.
Wilson y Adrián estuvieron en las filas de Comandos de la Frontera, un grupo armado ilegal que hacía parte de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), disidencia de las antiguas FARC, que mantiene influencia en los departamentos de Putumayo y Nariño, en la frontera entre Colombia y Ecuador.
«La verdad, queremos que haya una paz total, no solamente aquí, sino en todo el Putumayo», dice a EFE Wilson, de 25 años, quien ingresó al grupo armado cuando tenía 19 y asegura que nunca imaginó que el cambio más importante de su vida llegaría después de dejar las armas.
La historia de Wilson se repite, con matices distintos, entre los 86 hombres y 13 mujeres que el 18 de junio dejaron las armas e ingresaron a la Zona de Ubicación Temporal (ZUT) en el municipio de Valle del Guamuéz, en el selvático Putumayo, como parte de los compromisos asumidos en la mesa de diálogos que el Gobierno del presidente saliente, Gustavo Petro, mantiene con Comandos de la Frontera desde 2024.
Atrás quedaron los campamentos en la selva, los combates y hoy sus días transcurren entre talleres, partidos de fútbol, murales pintados por ellos, jardines y pequeños semilleros de plantas medicinales que empiezan a transformar el lugar.
Expectativa por el nuevo Gobierno de De la Espriella
Sin embargo, la tranquilidad con la que intentan reconstruir sus vidas choca con la incertidumbre del futuro del proceso a partir de este 7 de agosto cuando asuma el poder el nuevo Gobierno de De la Espriella, quien ha prometido acabar con el programa de ‘paz total’ de Petro.
Adrián Zambrano reconoce que la victoria del ultraderechista De la Espriella el 21 de junio provocó miedo e incertidumbre por su promesa de mano dura contra los grupos armados ilegales y la delincuencia en general, pero insiste en que ninguno de los excombatientes quiere abandonar el camino emprendido hace apenas seis semanas.
«Que le siga apostando a la paz, que la guerra no trae nada bueno. A nosotros que no nos dejen solos; los 99 que estamos aquí queremos seguir apostándole a la paz y no volver a tomar las armas», afirma.
La instalación de la ZUT fue uno de los principales avances de la negociación con el Gobierno saliente y permitió la concentración de los 99 integrantes del grupo que hicieron dejación de armas mientras avanzan los compromisos del proceso.
De interés: De la Espriella da ultimátum a grupos armados del centro de Colombia
Con información de EFE Servicios y redes sociales
Fuente de imagen referencial: EFE/Mauricio Dueñas Castañeda
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