La explotación de cactus por parte del humano está poniendo en riesgo la existencia de dicha planta en el país y el mundo
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El investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Jafet M. Nassar, es uno de los 80 autores del más reciente estudio internacional sobre la familia Cactaceae, publicado en la revista Nature Plants. Este estudio revela que de 458 especies de cactus en peligro de extinción en el mundo, 5 crecen en los suelo venezolano.

Las cinco especies en nuestro suelo clasificadas como amenazadas son Cereus fricii (presente en Aragua, Carabobo, Distrito Federal, Falcón, Lara, Miranda y Zulia), Melocactus andinus (restringida a Mérida y Trujillo), Melocactus schatzlii (exclusiva de Mérida), Opuntia schumannii (hallada solo en Táchira) y Pilosocereus tillianus (originaria de Mérida).

“Entre las especies de cactus amenazadas, 64% son utilizadas por los humanos de alguna forma y 57% (236) son usadas en horticultura”, indica el trabajo. De hecho, los cactus son el quinto grupo taxonómico más amenazado del que se tenga información (31%), después de las cícadas (63%), anfibios (41%), corales (33%) y las coníferas (34%). Como se puede observar, tres corresponden a plantas.

Los principales procesos que colocan en desventaja la existencia de los cactus en el ámbito mundial son de origen humano: la expansión urbana, la transformación de tierras en zonas cultivables y la colección como recursos biológicos. Pero es la agricultura “es la amenaza más generalizada, afectando a las especies en gran parte del norte de México, Centroamérica y el sur de Suramérica”, dice el estudio.

¿Se puede revertir este dramático panorama?

“El recurso que nos queda es proteger legalmente sectores clave en los que se ha identificado una elevada concentración de especies, así como áreas con taxones amenazados y distribución restringida; además de intentar recuperar zonas perturbadas, reintroduciendo especies mantenidas en viveros y jardines botánicos”, dijo Nassar, quien también es miembro de la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Cactáceas y otras Suculentas (SLCCS).

“También pudiéramos destinar más zonas áridas y semiáridas para la conservación de la flora y fauna allí representadas”, insistió. De hecho, existen dos proyectos en ejecución que según Nassar requieren apoyo. Se trata de la creación del Monumento Natural Fila de Montecano en la Península de Paraguaná, estado Falcón; y de una Reserva de Biosfera en la Península de Macanao, ubicada en isla de Margarita, estado Nueva Esparta.

En cuanto al escenario global, el estudio de Nature Plants señala que adicional a los procesos antrópicos mencionados anteriormente, el factor decisivo que conducirá a la extinción de los cactus amenazados es el comercio internacional, frecuentemente ilegal, y la conformación de colecciones privadas con meros fines ornamentales.

Y debido a que los cactus son más propensos a ser extraídos de su hábitat, se incluyó toda la familia de las cactáceas en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, en el año 1975.

“Esto implica la imposición de multas a las personas que sean identificadas traficando con plantas y semillas. Ese acuerdo ha frenado el comercio, pero nunca son sancionados la totalidad de los involucrados en estos hechos ilícitos”, aseguró Nassar.

Exigir certificados de producción de plantas y semillas en viveros, realizar evaluaciones genéticas para determinar el origen de las plantas incautadas y promover el comercio legal de cactus, son medidas complementarias que a juicio de Nassar pudieran implementarse para reducir esta práctica.

EC

Con información de Noticia al día.

Fotografía Gettyimages.

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