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Crear equipos eficaces, responsables y en los que prime el compañerismo y el buen ambiente a pesar de la presión laboral puede llegar a ser el secreto de buena parte del éxito de cualquier aventura empresarial.

Las herramientas para lograr esto se encuentran en casi todos los manuales de relaciones interpersonales laborales, y justamente en casi todos esos textos se menta al llamado empleado “tóxico”.

Esos trabajadores, al margen de otras consideraciones personales, son tan dañinos para una empresa como lo son para sus propios compañeros.

Según muchos expertos en Coaching Empresarial, existe una lista de características que los directivos no pueden ni deben soportar entre sus empleados. Identificarlos es misión de todo buen empresario o emprendedor. Algunos de  los estereotipos básicos pueden ser:

  • El sobrevalorado: es el que mejor vive y, sin embargo, debería ser un trabajador de éxito efímero. Es decir, tuvo un golpe de suerte, uno sólo. Un giro de la diosa fortuna que le sonrió en un momento culminante y que le ha servido para vivir bien el resto de su vida. Este personaje suele tener una gran lista de recomendaciones, es el amigo de un directivo excepcional o simplemente ha trabajado en grandes compañías, sin embargo, no quiere decir que tenga la calidad ni que cumpla con los estándares que la empresa desea. Cualquier experto dirá de ellos que sus egos exceden sus verdaderas capacidades para actuar.
  • El “pocos amigos”están siempre de mal humor y demuestran cierta inestabilidad. Contestan de malos modos a los demás y suelen imponer su criterio más por temor a las consecuencias de un enfrentamiento directo que por la contundencia de sus argumentos. Son aquellos para quienes cualquier discrepancia sobre el trabajo se convierte en una grave afrenta personal, por lo que provocan que el resto de compañeros les dé la razón sin convencimiento.
  • El pensador grupalson envenenadores profesionales. Acumulan quejas y las repiten como papagayos a todo aquel que tiene un acusado sentido de la justicia y es confiado. En esencia son cobardes y tienen tantos miedos y complejos que resulta difícil imaginar cómo se han enfrentado hasta ahora ellos solos a la vida.
  • El condescendientea todo buen jefe le ayuda cierto sentido crítico a su alrededor. Una pequeña dosis de disidencia que si llega acompañada de responsabilidad, profesionalidad y sentido común resulta muy útil. Justo lo contrario de los empleados demasiado complacientes. Los que a todo dicen que sí. Es nefasto aquel que dice que el rey viste suntuosos y bellos trajes cuando en realidad va totalmente desnudo.
  • El competitivo: observan su carrera profesional como una ultramaratón en al que hay que salvar obstáculos de manera fría y calculada. Todos aquellos que tengan ambición por crecer en su vida profesional serán competitivos; sin embargo, estos personajes no solo ven a sus compañeros como competencia, sino como potenciales enemigos.
  • El mal jefe de equipo: no es sencillo de identificar por su alto rango y porque a menudo se mueve entre brumas y oscuridad como los depredadores nocturnos. Y, además, se suelen valer del miedo y del halo de silencio que envuelve sus correrías. Son personas que ocupan los puestos directivos y parecen ser intocables, y que, sin embargo, pueden llegar a ser los más perjudiciales en las empresas.

LS

Con información Qué!

Fotografía Gettyimages.

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