Las agresiones no son sólo físicas, incluyen decisiones políticas y económicas que al parecer de algunos merman la seguridad social



La violencia ha sido una constante durante la historia de la humanidad. Desde las guerras por territorios, pasando por la colonización y las rivalidades entre grupos sociales.

Es la acción de doblegar o desarticular la voluntad del otro, restarle autonomía, eliminarlo o desposeerlo. Es, además, una situación que denota descomposición de instituciones que regulan el tejido social, y por lo tanto se expresa en la política, economía, intrafamiliarmente y socialmente. Venezuela no está ajena a ninguna de sus formas.

Violencias intrafamiliares

Dentro de una familia se manifiestan por condiciones culturales y relaciones asimétricas de poder y decisión, en las que existe una correlación directa entre condiciones mínimas de sobrevivencia y las conductas machistas prepotentes.

En 2010 llegó a la prensa el caso del ex campeón de peso ligero de boxeo Edwin Valero, quien se suicidó luego de ser capturado por el presunto asesinato de su esposa Yenifer Vieira. El caso puso los reflectores sobre la violencia doméstica en el país, principalmente porque se trató de una persona conocida. Sin embargo, Alba Carosio, ex directora del Centro de Estudios para la Mujer (CEM), dice que hay “violencia contra las mujeres todos los días”, “lo que sucede es que son casos anónimos”.

Según datos ofrecidos en 2008 por Amnistía Internacional (AI), en Venezuela cada 10 días murió una mujer por violencia de género en el hogar. La Fiscal General, Luisa Ortega, mencionó en un discurso que sólo en Caracas la cifra es “dos mujeres muertas cada 10 días”. Las autoridades venezolanas, sin embargo, no cuentan con cifras completas sobre la violencia de género. Ese año prometieron que el Instituto Nacional de Estadística (INE) realizaría estudios y no se cumplió.

En 2011, el psicólogo social Leoncio Barrios llevó a cabo una encuesta cuyo resultado arrojó que mientras más pobreza haya en una sociedad, mayor será su grado de machismo. En este sentido, descubrió que la sociedad venezolana critica más duramente a las mujeres que deciden abandonar a su esposo porque este les fue infiel, que a los hombres que abandonan a sus esposas por el mismo motivo.

El maltrato en la familia no solo se da hacia las mujeres, los hijos también lo sufren. Según un estudio realizado en Venezuela por UNICEF en septiembre de 2014, el 78% de 800 familias consultadas no vinculan el maltrato infantil con unas cuantas nalgadas para que el niño se comporte. Por su parte, otros estudios demostraron que estos niños desearían ser tratados con amor y respeto por parte de sus padres o representantes.

Lastimar a un niño no significa solo darle nalgadas, también se incluye maltrato psicológico y sexual.

“En el abuso físico siempre hay un abuso psicológico, porque cuando la madre le pega con fuerza, casi siempre viene acompañado del insulto, grosería. En Venezuela se tiene todavía la cultura de que la manera de disciplinar es a través del castigo físico, es pegarle. Al punto de que no se considera un maltrato.  ‘Si tú sabes pegarle, no hay problema’, dicen. Y eso es totalmente errado. No existe una manera ‘adecuada’ de pegarle a un niño”, asegura la directora de la ONG Afecto Venezuela, la psicóloga María Elena Liebster.

En el país no existen cifras oficiales sobre los abusos a menores, aunque sí hay instituciones que se encarguen de estos casos. Asimismo, desde el 1 de abril de 2000 está en vigencia la Ley Orgánica para la Protección del Niño y Adolescente.

Violencias sociales

Dan cuenta de la descomposición de los niveles mínimos de convivencia ciudadana y se expresa en la pérdida de valores que cohesionan a la sociedad en distintos ámbitos cotidianos.

El primero de agosto de 2015 hubo un muerto y 60 detenidos por saqueos en San Félix, una comunidad de Ciudad Guayana en el estado Bolívar, al sur del país. Allí Gustavo Patiñez, de 21 años, fue asesinado por un disparo en el pecho cuando habitantes del lugar saquearon el establecimiento Uniferia.

En medio de la confusión y de la represión de la Guardia Nacional, Patiñez recibió la bala. Las imágenes rápidamente se multiplicaron por las redes sociales, en ella se ve cómo se desangra sin recibir atención.

Esta es una historia que se ha repetido en varias ciudades del país, aunque sin muertes. Ya han ocurrido al menos 16 saqueos a comercios y gandolas, tanto privados como gubernamentales, que se han viralizado por medio de las redes sociales.

En el caso de asesinatos, los resultados obtenidos por el Observatorio Venezolano de Violencia en su último análisis de 2014 indican que el año concluiría con por lo menos 24.980 fallecidos y una tasa de 82 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, no hay datos oficiales que comprueben la autenticidad de estas cifras.

Agregan que esta tasa tiene un leve incremento con relación a la reportada para el año 2013, lo cual demuestra la falta de avances en el control  el delito y la violencia, a pesar de los importantes anuncios y planes desarrollados por las autoridades.

Con esta tasa, o con otra todavía más conservadora calculada por la Organización Mundial de la Salud (OMS-WHO, 2014), Venezuela está ubicada como el segundo país con la más alta tasa de homicidios del mundo, superada sólo por Honduras que tiene un promedio de 104 por cada 100 mil habitantes.

En Venezuela, asimismo, se cometen más asesinatos que en países considerados tradicionalmente violentos como Jamaica (con una tasa de 45 por 100 mil/hab.), El Salvador (con 44 por 100 mil/hab.), Colombia (44 por 100 mil/hab. ), Brasil (32 por 100 mil/hab.) y México (22 por 100 mil/hab.).

Ante estas cifras no resulta extraño que los venezolanos opten por quedarse en su casa luego de determinadas horas del día. “Prefiero evitar que me maten antes que ir al cine con mi familia por la noche”, declaró Rosa Montero, una joven madre de 26 años.

Violencias políticas

Cuando la agresión es política se trata de gobiernos que no permiten a ciertos segmentos de la población tener una voz, los hacen de lado y de esta forma promueven una constante conflictividad política y social.

A 14 meses de las elecciones municipales, 33 de los 73 alacaldes opositores enfrentaron procesos judiciales. El 25 de febrero de este año, el presidente Nicolás Maduro aseguró que no va a permitir a la oposición presentarse en las elecciones parlamentarias si está involucrada en promover la violencia: “Que no se equivoquen. No van a salir con su cara muy lavada a presentarse en unas elecciones”, declaró.

A esto se suman las recientes inhabilitaciones de candidatos parlamentarios, para las elecciones del 6 de diciembre, propuestos por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD): María Corina Machado, Vincenzo Scarano, Daniel Ceballos y Pablo Pérez.

Estas decisiones fueron tomadas por la Contraloría General de la República, lo cual según explica el Secretario de la Universidad de Carabobo (UC), Pablo Aure, es inconstitucional ya que “el contralor no tiene facultad para inhabilitar a nadie”.

El 21 de abril de 2003 inició la lista de presos políticos con el ex agente Erasmo Bolívar, quien fue detenido por los sucesos del 11 de abril de 2002. Ahora la lista cuenta con más de 3.000 personas que fueron puestas tras las rejas, siendo la última oleada luego de las manifestaciones de febrero de 2014, y con los nombres de políticos opositores: Leopoldo López, Daniel Ceballos y Antonio Ledezma.

Violencias económicas

Conocida por los venezolanos es la realidad de la violencia económica, la cual surge de mercados ilegales que trafican desde armas y drogas hasta alimentos.

Desde 2003 el país volvió a la historia del control de cambio con una tasa de 1.600 bolívares por dólar. Según el Gobierno, la medida se tomó para evitar la fuga de capitales. La primera devaluación de la Comisión de Administración de Divisas Cadivi se llevó a cabo en 2004, cuando el tipo de cambio pasó de 1.600 bolívares por dólar a 1.920 bolívares por dólar, y la segunda en 2005 cuando se llegó a los 2.150 bolívares por dólar.

Diez años y una nueva moneda después, el país tiene varios tipos de cambio: El  dólar oficial que sirve para importaciones de bienes básicos y que cuesta Bs. 6,30 por dólar, el dólar Sicad que sirve para viajeros y se ubica en Bs. 12,80 y por último el dólar Simadi que es de compra libre y tiene un costo aproximado de Bs. 199,97 por dólar.

Debido a estos controles, según opinan muchos expertos, el gobierno se enfrenta a una falta de divisas que afecta a todos los sectores de la economía. La inflación ha generado el aumento desenfrenado de los productos, cuya causa principal es que el sector privado ha tenido que adquirir rubros con el dólar a tasa Simadi y hasta paralelo, pues el Gobierno ya no le otorga suficientes divisas.

“Los empresarios se ven obligados a adquirir dólares a tasa Simadi en Bs. 199 o en el mercado negro, por tal motivo compran los productos a costos mucho más elevados y se tornan caros a la hora de venderlos”, expresó Alberto Carduccio, empresario del sector alimentario.

Agregó que cuando el productor adquiere el dólar a Bs. 6,30 está obligado a mantener esos costos hasta el consumidor final, pero en vista de que el Ejecutivo nacional no asigna suficientes divisas, las empresas deben trabajar con sus propios dólares.

Por su parte, Víctor Trevizón, encargado de un comercio, consideró que “todo se resume a escasez de dólares, pues si un productor compra medicinas en el interior para los ganados a precio del paralelo, nunca va a ser igual que adquirirlas a dólar oficial, ya que los costos se disparan y los que pagan las consecuencia son los consumidores”.

A los problemas de divisas se suma el bachaqueo, actividad que se caracteriza por “contrabandear” insumos dentro del mismo país. Esto se ha convertido en la ocupación económica predilecta de muchas familias: Se levantan a las dos de la madrugada para hacer colas frente a supermercados y comprar la mayor cantidad de productos que encuentren; luego los venden en la calle o a particulares a precios cinco veces mayores.

“En un día puedo ganarme hasta 6.000 bolívares (casi un salario mínimo mensual), mucho más de lo que ganaba antes”, explica una madre dedicada a esta actividad.

Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis, explica que a medida que aumenta la escasez, producto en parte del mismo bachaqueo, cada vez más gente acude al mercado negro. “Cuando controlas el precio y obligas a vender a un precio menor al precio de equilibrio generas un exceso de demanda. Le estás entregando un estímulo a las personas para que compren mucho para reservar en su hogar o para revender y obtener ganancias excedentarias”, agrega.

Aunque no existen estudios, se percibe la sensación generalizada de que los ciudadanos venezolanos sienten mayores niveles de violencia en todos los ámbitos de su vida. Es común que familiares se reúnan al rededor de la mesa y conversen sobre las agresiones que enfrentaron durante el día.

Víctor Agámez, padre de tres niños, asegura que queda sorprendido ante las agresiones que experimenta cada día al intentar tomar un autobús. “No son solo los pasajeros a bordo, sino los conductores que te contestan con malos tratos cuando algo no les gusta”, dice.

Ante estas situaciones lo que se debe hacer es evitar dejarse llevar por la violencia y pensar con claridad. Si bien algunas de estas circunstancias son impuestas por prácticas gubernamentales, expertos recomiendan buscar caminos que lleven a una solución constructiva en lugar de caer en las mismas manipulaciones.

Amanda Gómez

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