Tras dos años refugiado en Moscú, espera que sus revelaciones continúen logrando reformas legales que pongan un paro a los servicios de inteligencia



“Me va bien, me despierto cada mañana con una sonrisa”, aseguró recientemente Edward Snowden en un evento organizado por Amnistía Internacional (AI), dos años después de las revelaciones que cambiaron su vida.

Su historia comenzó el 6 de junio de 2013 cuando reveló por medio del diario The Guardian que, con una orden judicial secreta, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) podía acceder a registros telefónicos y en Internet de millones de usuarios de la operadora de telefonía Verizon en EEUU. La Casa Blanca defendió su necesidad de guardar estos registros por considerarlos “una herramienta crítica” para combatir al terrorismo.

Tres días después el joven extécnico de la CIA confesó ser el informante. Para la fecha ya había huido a Hong Kong, China, procedente de Hawai, donde trabajaba en la empresa Booz Allen Hamilton.

Desde entonces temió por su vida y pidió asilo a al menos 21 países, entre los cuales se encuentra Venezuela. El presidente Nicolás Maduro mostró mucho interés en que Snowden llegase al país, sin embargo el informante no ha venido.

Actualmente, se encuentra en Rusia desde el 24 de junio, país donde tiene asilo por dos años más. El defensor de Snowden y periodista Jacob Appelbaum asegura que “él está seguro y vive una vida plena en el exilio, en la medida de las posibilidades”.

Mientras tanto, Snowden se ha convertido en un trotamundos virtual al brindar videoconferencias en seminarios y universidades: Apareció en el festival de Internet SXSW en Texas, en la honorable Universidad de Princeton y en la mayor feria de informática del mundo, la CeBI de Alemania.

Desde el punto de vista político, su reputación también ha cambiado. En EEUU las opiniones en su contra han dejado de ser tan hostiles como cuando se le declaró traidor.

“Me preocupaba que hubiésemos puesto en juego nuestra vida por nada o que la opinión pública reaccionara con indiferencia o cinismo a las revelaciones”, escribió Snowden en el New York Times y la revista alemana Der Spiegel. “Pero nunca estuve tan agradecido de haberme equivocado tanto”, aseguró.

Por los momentos, Snowden espera recibir un permiso que le permita viajar a Noruega en septiembre de este año para recibir un premio por los Derechos Humanos, entregado por la Academia Noruega de Literatura y Libertad de Expresión, también llamada Academia Bjornson.

¿Cómo cambiaron al mundo sus filtraciones?

Luego de sus revelaciones, las relaciones de poder cambiaron. Ahora el temor a los ataques terroristas no se considera una justificación para que los servicios secretos vigilen tan a fondo a los ciudadanos. En este sentido, el Congreso de Washington quitó privilegios a la NSA con respecto a la intercepción de comunicaciones telefónicas. Esto supone una pequeña victoria para Snowden.

Igualmente, varias compañías informáticas endurecieron sus medidas de seguridad y encriptación, incluyendo a Google, Apple y WhatsApp. Incluso Facebook ofrece mayores medidas de protección a sus usuarios a través de PGP, un programa poco conocido hace dos años.

Además, algunos tribunales han declarado como ilegales ciertos aspectos de los servicios de Inteligencia. Un ejemplo es en el Reino Unido, donde se confesó que algunos aspectos del intercambio de información entre EEUU y el país británico antes de 2014 podrían haber estado fuera del marco de la ley. A la par se pidió una revisión de las leyes que regulan las agencias de inteligencia para que los procesos sean transparentes.

A pesar de todo muchas personas aún siguen reaccionando con indiferencia a las revelaciones y aseguran que no tienen nada que ocultar, un argumento que Snowden no acepta. “Esto es como decir que a uno no le interesa la libertad de expresión porque no se tiene nada que decir”, señala el ex empleado de la NSA.

Snowden espera que se avance en nuevas reformas, según enfatizó en el evento de Amnistía Internacional. “Tengo más esperanza ahora que nunca”, afirmó satisfecho.

Amanda Gómez

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