Con las importantes derrotas que sufrió el Estado Islámico en 2016, las posibilidades de ser eliminados totalmente siguen creciendo



DOBLE LLAVE – La milicia terrorista Estado Islámico (EI) sufrió este año importantes derrotas. A nivel militar los yihadistas podrían ser derrotados pronto en Irak, pero el grupo extremista seguirá suponiendo una amenaza después de que eso ocurra.

El año 2016 podría convertirse en el punto de inflexión en la lucha contra el EI, ya que la milicia sunita tuvo que asumir importantes derrotas estratégicas. En el norte de Siria perdió el territorio que había conquistado en la frontera con Turquía, y con ello importantes rutas de abastecimiento.

El Ejército sirio consiguió reconquistar en marzo la histórica Palmira, aunque en los últimos días el EI lanzó una nueva ofensiva para volver a tomar el lugar, que es Patrimonio Mundial de la Unesco. En cuanto al Ejército iraquí, después de meses de combates finalmente logró arrebatar al EI uno de sus bastiones, Falluya.

El EI ha perdido dos tercios del territorio que llegó a controlar en Siria e Irak. ¿Está cerca el final de una milicia que sembró el miedo y el terror en el mundo?

Los analistas militares están seguros de que la gran ofensiva lanzada a mediados de octubre por el Ejército iraquí en Mosul tendrá éxito el próximo año, aunque se prolongue durante un tiempo. Tras ello, la coalición que lidera Estados Unidos quiere liberar Al Raqqa, el feudo del EI en Siria.

Aun así, es demasiado pronto para cantar victoria en la lucha contra la milicia yihadista. En Siria la victoria militar todavía podría hacerse esperar durante un tiempo, entre otras cosas porque los yihadistas siguen resistiéndose con fuerza empujados por su empeño ideológico. Cientos de ellos se hacen volar por los aires para matar al mayor número de adversarios posibles.

Al contrario que en Irak, en Siria faltan sobre todo fuerzas militares preparadas para vencer definitivamente al EI. El régimen de Bashar al Assad se centra en la lucha contra otros enemigos. Y los combatientes sirio-kurdos, los principales aliados de Occidente en la lucha contra el EI en Siria, no cuentan con el entrenamiento ni las armas suficientes para luchar de forma efectiva contra los terroristas.

Por otro lado, el EI tomó precauciones en caso de una derrota, escribió en “The New York Times” el experto Hassan Hassan, del Instituto Tahrir para Política de Oriente Medio. Para encontrar un ejemplo no hace falta ir muy lejos. A la organización precursora del EI ya se la consideró derrotada en 2010, tras una sangrienta guerra civil en Irak en la que las milicias sunitas lograron vencer a los terroristas con ayuda del Ejército estadounidense.

Pero los extremistas hicieron entonces algo que podrían volver a repetir en caso de una nueva derrota. Desaparecieron en las zonas desérticas del este de Irak, tan inmensas que apenas pueden controlarse en toda su extensión. Alejados de la civilización, los seguidores del EI aguardaron al momento adecuado para volver. Mientras tanto crearon células en Mosul que les permitieron tomar la ciudad con unos pocos cientos de combatientes en el verano de 2014.

El punto de partida podría ser en esta ocasión incluso mejor que el de entonces. Los yihadistas encontarían lugares para replegarse no sólo en Irak, sino también en Siria en medio de la guerra civil. “Allí habrá suficientes zonas grises en las que podrían operar”, explicó Guido Steinberg, experto en el EI de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín.

Además, la milicia tiene presencia desde hace tiempo en otras zonas, como en la península del Sinaí, en Egipto, o en Libia. Aunque en este último país el EI perdió recientemente Sirte, con lo que ya no controla ninguna ciudad.

Steinberg cree que Mosul, la ciudad más grande y más importante de los sunitas iraquíes, seguirá siendo escenario de batalla para el EI incluso después de su caída. El grupo terrorista iniciará allí una “guerra de guerrillas” y atentará contra el Ejército y la Policía, apuntó. En las últimas semanas el EI ya demostró varias veces en Irak que puede golpear con atentados en zonas en las que ya fue arrinconado.

En cualquier caso, el EI no puede ser derrotado únicamente por medios militares. Igual de importante es adoptar medidas políticas que quiten terreno a la ideología yihadista de que se nutren los terroristas. Pero en ese aspecto se hizo poco en Irak y Siria, apunta Hassan Hassan.

En Irak el EI encontró un terreno abonado, pues la minoría sunita se sentía discriminada por la mayoría chiita. Y la situación cambió poco en ese sentido. Al contrario, precisamente la ofensiva en Mosul podría aumentar la brecha entre las dos grandes ramas del islam en Irak. Desde el inicio de la campaña, las milicias chiitas vinculadas a Irán avanzaron en territorio de los sunitas, para horror de estos. Si permanecen allí es de esperar que surja la resistencia.

En Siria, por su parte, la política de Estados Unidos generó nuevos conflictos, afirmó Hassan Hassan. Washington se apoya sobre todo en las milicias sirio-kudas YPG, que podrían arrebatar al EI su bastión de Al Raqqa. En dicha ciudad viven sobre todo árabes sunitas que en el pasado acusaron a los kurdos de “limpiezas étnicas”. Ante el avance de los kurdos también reaccionó Turquía, que combate a las milicias YPG, cercanas al proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

De todos esos conflictos se beneficiará el EI. “No hay duda, permanecerá y seguirá siendo una gran fuente de desestabilización y destrucción en Siria e Irak”, vaticinó Hassan Hassan.

El líder del EI, Abu Bakr al Bagdadi, reapareció a principios de noviembre después de meses de silencio. En un mensaje de audio de 30 minutos llamaba a sus seguidores a cometer atentados en Turquía y Arabia Saudí. En cuanto a la ofensiva de Mosul, aseguró que los atacantes suicidas harán que la sangre de los enemigos corra a raudales. “Esta guerra es nuestra guerra”, aseguró.

Jan Kuhlmann (dpa)

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