Mujeres musulmanas: ¿libres u oprimidas?


La defensa de los derechos de la mujer en esta cultura desencadenó un nuevo movimiento denominado "feminismo islámico"



La visión que sobre las mujeres musulmanas se tiene en Occidente las señala como “oprimidas” por la sumisión que deben cumplir ante su creencia, desde los códigos de vestimenta hasta la libertad de acción y pensamiento. Sin embargo, han logrado surgir independientemente a través de movimientos sociales, estudios universitarios, participación ciudadana y gubernamental, lo que contrasta con la percepción sobre un estilo de vida sometido a la fiel obediencia y casta reserva en obra y pensamiento en todo el mundo.

La evolución sobre un camino de piedras

El Corán establece que “la adquisición de conocimiento es una obligación para hombres y mujeres”. Actualmente las musulmanas han alcanzado altos rangos intelectuales de la vida moderna, en sus regiones y el mundo. Según la abogada y política española, Francisca Sauquillo, en su artículo Mujer y política en países de tradición islámica, las mujeres musulmanas lograron el derecho de elegir y ser elegidas mucho antes que países europeos y latinoamericanos entre los años 1945 y 1948, tomando en cuenta su nivel educativo y facultades profesionales.

Para el mundo musulmán, la mujer es el elemento generador de la familia y origen de los valores. En la cultura es importante mantener esta imagen porque su solidez constituye el único medio que garantiza una sociedad regida por la rectitud moral y garantía de la pureza. Es por ello que aislar o sancionar a las mujeres que vulneren estos principios es primordial para que estos fundamentos prevalezcan, en ocasiones sin tomar en cuenta los extremos.

Un ejemplo es el adulterio, que en el Islam es considerado un crimen religioso llamado “Zina“, y al igual que los vicios, son castigados con la pena de muerte. O los casos de lapidación, que han sido temas de calurosa discusión en occidente, debido a la crueldad con la que las mujeres musulmanas son juzgadas y castigadas incluso luego de ser violadas.

Desde la primera menstruación las mujeres tienen edad para casarse y pese a no completar el periodo de desarrollo físico y psicológico, están listas para establecer una familia. Según el Corán, pueden casarse nuevamente cuando su unión se rompe por viudez, divorcio o haya completado el periodo de espera ordenado por Alá, llamado La ‘idda.

El hombre por su parte, puede casarse hasta con cuatro mujeres, menos las politeístas, las casadas, las que pertenezcan a su familia y las que pertenezcan a la familia de sus mujeres, incluso si posean cargos políticos de importancia. La condición que el Islam exige es la confianza y la seguridad de tratarlas con equidad respetando sus derechos y la división del tiempo entre cada una.

El Corán establece que los hombres están encargados de proteger, proveer de bienes y riquezas a sus mujeres, por lo que deben ser correctas, fieles y obedientes. La religión lo interpreta como la lucha del hombre por preservar su dignidad y valorarla como un tesoro, aunque este estilo de vida es juzgado y objeto de controversia en la cultura occidental.

Parte del debate con respecto a esta postura es el estilo de vida sexual y marital al que están sometidas desde la niñez. Ana María Gutiérrez Ibacache, politóloga y analista política, en su trabajo Feminismo y Corán, explica que los argumentos del debate occidental contra el mundo musulmán no siempre están relacionados con la defensa de los derechos de la mujer, sino con luchas políticas, económicas, sociales y culturales donde la opinión que menos se expresa es la de la propia mujer musulmana.

Por consiguiente, la defensa de los derechos de la mujer en esta cultura desencadenó un nuevo movimiento denominado “feminismo islámico“, el cual defiende la igualdad de género partiendo de las enseñanzas del Corán. Pese a que grupos feministas reconocen el libro sagrado de la religión musulmana como liberador, otros lo rechazan por la actual degradación de la tradición y la tergiversación de sus enseñanzas, produciendo lo que hoy es la estructura social de los estados musulmanes.

Estilo de vida, castidad y obediencia

Otro de los factores más criticados es el uso del Hiyab o la Burka, debido a que podría ser una limitante visual y de apreciación física en las mujeres. El código de vestimenta islámica establece que la mujer debe cubrir la mayor parte del cuerpo con un velo, para evitar mostrar su escote. No pueden llevar adornos, ni mostrar su belleza a otras personas que no sean sus esposos o familiares y, depende de la comunidad a la que pertenezcan, deben estar tapadas completamente, incluso hasta los ojos.

Randa Abdel-Fattah, escritora musulmana de origen australiano y Anne Azza-Aly, académica, dedicada a la política australiana en la lucha contra el terrorismo, participaron en el programa de debates Q&A de la cadena ABC de Australia. Ambas coincidieron en que, lejos de ser un símbolo de sometimiento a la mujer, el velo las hace más valiosas e importantes, algo que no está al alcance de la mano, aumentando la dignidad y el respeto hacia ellas.

Azza-Aly afirma, con respecto a la sexualidad en el Islam, que la belleza debe ser natural rechazando la manera de mostrar a la mujer como un material en exposición gratuita, un objeto sexual o un modelo que disminuya su dignidad. Por ello esta cultura sostiene que en Occidente ocurre todo lo contrario y se empuja a las mujeres a ser completamente explotadas.

Por tanto, sostuvo que “no es fácil ser mujer en el mundo musulmán, pero la visión de la sexualidad occidental es mucho más abierta que la del islam y no es un secreto para nadie”, explicó que la perspectiva musulmana es más conservadora, pero siempre buscando la lucha del hombre por ganar los atributos femeninos y servirle con bienes, porque son las mujeres quienes proveen de vida al mundo. “Es un símbolo de adoración y agradecimiento”, aseguró.

En ese sentido, Abdel-Fattah, destacó que el liderazgo de las mujeres del islam ha sido reconocido por la sociedad y puesto en escena para un mayor conocimiento de la opinión pública en general. Sin embargo, señaló que “la historia aún sigue recordando que el machismo es un mal endémico que azota a todas las sociedades por igual, llevando a la controversia y el constante debate sobre el comportamiento y sumisión de las mujeres desde el inicio de los tiempos”. Por lo que se ha puesto en tela de juicio todo lo que tiene ver con la mujer desde su esencia hasta los más mínimos detalles de su exterior.

Reconocimiento y reflexión

Pese a lograr el reconocimiento de ciertos derechos en la cultura musulmana, las mujeres siguen siendo violentadas física, verbal, sexual y psicológicamente, según la visión occidental.

Una forma de evolucionar socialmente sería lograr interpretar la visión ortodoxa y radical desde una perspectiva más amplia y menos rigurosa, en caso de que la religión fuera la causa de tal opresión, criticada fuertemente durante la historia, donde las mujeres han sido discriminadas y desplazadas a un rol inferior frente al hombre, muchas veces sin tomar en cuenta las similitudes y contrastes que pueda presentar la cultura musulmana con la occidental, generando intensos debates por ir en contra de ciertos preceptos que poseen mucha fuerza en la fe y acciones de sus creyentes.

Natasha Guevara

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