Tras regresar del Everest, Alberto Camardiel compartió los detalles de la enriquecedora expedición: el mayor logro es interior



DOBLE LLAVE – Dos venezolanos movidos por su espíritu aventurero y deportivo dieron alas a su sueño de conquistar el Everest. Pues, Giselle Cesin y Alberto Camardiel, partieron a la montaña más alta del mundo, integrando el Proyecto 8848, en alianza y apoyados por la agencia de marketing web internacional MásQueDigital y la organización de desarrollo social Fundasitio, ambas lideradas por Rafael Núñez. La expedición les llevó a vivir días y noches llenas de una incertidumbre que retó su resistencia, valentía y fuerza de voluntad.

Y aunque en esta oportunidad no lograron conquistar la cima del Everest, por las rudas inclemencias ambientales que afectaron seriamente su salud, regresan al país con la satisfacción de haber disfrutado nuevamente de parajes majestuosos, profundizar el conocimiento, en la cultura de Nepal, y sobre todo cargados de experiencias que les generaron un enriquecedor crecimiento físico y espiritual.

Una vida de preparación

Ya en tierras venezolanas, el también destacado periodista deportivo Alberto Camardiel, aseguró en un encuentro privado -organizado como bienvenida por MásQueDigital y Fundasitio- que, si bien es cierto que la idea de escalar esta montaña única empezó a tomar forma hace un poco más de cuatro años, “para llegar a ser lo que somos y hacemos es toda una vida de preparación, para asumir un reto como este y cualquier otro se requiere de la preparación que hemos tenido y acumulado durante toda la vida, es la experiencia previa, algo fundamental”.

Camardiel tuvo una ardua preparación para éste reto

Hubo una ardua preparación para este reto.

El escalador tuvo uno de sus primeros contactos con los retos de gran envergadura en 2008, cuando se disponía a realizar una expedición en Tabouche, camino al Himalaya, lo que le ha permitido conocer que “para subir una montaña no hay un camino marcado, te puedes encontrar con cualquier cosa, en Tabouche dormimos en una especie de repisa sustentada en una pared de hielo para llegar a la cima. Sin embargo, más allá de las tensiones,  regresamos en 2015”.

El logro es interior

Luego de diversas aventuras, donde abundaron las dificultades planteadas por las inhóspitas condiciones de la naturaleza, Camardiel dejó claro que el objetivo de una expedición como esta “no es un trofeo, no es un primer o un segundo lugar, no hay un bono de dinero extra por llegar: el logro más importante y verdadero es interior”.

El alpinista -además de corredor- también señaló las razones que lo impulsaron a emprender el desafió. “Se trató de disfrutar el paisaje, tratar de aprovechar al máximo la experiencia, eso de estar más alto que la Luna no es muy frecuente ni tradicional”. Esto ratifica su convicción y compromiso con el montañismo, además de su fijación por anteponer el alcance de méritos que construyan estabilidad y den consistencia emocional e intelectual.

La travesía

Luego de concluir una ardua fase de entrenamientos y aclimataciones, Cesin y Camardiel iniciaron la travesía, acompañados por un equipo de especialistas, liderados por los experimentados montañistas argentinos Willie y Damián Benegas, quienes han logrado alcanzar la cumbre 11 y 6 veces, respectivamente.

Asimismo, juntos dieron comienzo a la exigente jornada por Lukla, hasta el campamento base, que caminando se encuentra a 10 días, en Katmandú, la capital de Nepal.

Camardiel narró que después de esconderse el Sol, al equipo de excursionistas los esperaban largas noches a la luz de la Luna, donde lo único seguro eran las temperaturas exageradamente bajas, las numerosas avalanchas que ocurrían en Katmandú y pocos contactos con el mundo globalizado.

“En las mañanas, sólo era posible salir de las carpas pasadas las 9:00 am, cuando el Sol ofrecía el mínimo de calor necesario para transitar en los fríos alrededores”, detalló el también colega periodista.

Y justo allí, la expedición comenzó a batallar con su más duro enemigo: el clima, que con su natural fuerza causó que uno de los hermanos Benegas, quien es un veterano en la disciplina resultara afectado con una neumonía, lo que ameritó su pronta evacuación del lugar, a fin de salvaguardar su vida.

Con un integrante menos y ya con afecciones respiratorias, 8848 decidió seguir adelante, hasta que el otro guía del clan Benegas, empezó a padecer los síntomas de la misma patología que sufría su hermano, lo que lo terminó obligando a abandonar el proyecto.

Por su parte, Camardiel no desistió de su meta, hasta que su fuerte tos avanzó a otros niveles; derivó igualmente en neumonía. El deportista buscó refugió en un monasterio budista, donde se reencontró con antiguos conocidos y logró recuperarse un poco.

Tras varios días, el criollo retomó su camino rumbo al Everest. Sin embargo, el estado de su salud se fue deteriorando tanto, que su capacidad respiratoria se redujo al 50%, razón que motivó posponer la conquista de la cumbre.

Merma la capacidad de extrañar

El venezolano explicó que, al iniciar la expedición, disfrutaba intercambiar fotografías con su familia para acortar la distancia de por medio y mitigar los sentimientos que lo llevaban a extrañar a su hija. Pero conforme a que pasó el tiempo ya no sentía que debía satisfacer esa necesidad. Algo que obliga a reflexionar.

“Iba perdiendo la capacidad de extrañar lo realmente importante y fundamental, mi familia, en tanto seguía aferrándome a mis ganas de avanzar, de seguir hasta la cima”, confesó.

Mientras hay vida habrá esperanza

En la reunión con miembros y colaboradores de MásQueDigital y Fundasitio, el montañista comentó que uno de los tantos días que se encontraban escalando las peligrosas paredes de hielo, tuvo el infortunio de presenciar como uno de los mejores escaladores del planeta cayó y murió”.

Lo que lo llevó a evaluar si de verdad es tan importante llegar a la cima geográfica. “Este hombre ese día salió con la disposición de subir pero terminó perdiendo la vida, entonces me pregunté si de verdad valía la pena arriesgar tanto”, contó.

Aunado a todo lo anterior, este hecho le propinó la enseñanza más importante del viaje “mientras haya vida hay esperanza”, lo que le permite dar más valor a la vida propia y a todas aquellas cosas relacionadas con ella.

Por ello, el venezolano asegura que por ahora quiere compartir con su familia y “digerir el aprendizaje que generó estar en Nepal por tercera vez y realizar algunos retos deportivos inéditos en Venezuela”.

Afuera aprendió que “lo más importante para nosotros como personas es conservar la vida”, ya de vuelta en Caracas, mantiene y ratifica ésta premisa; agregó, sobre la situación que atraviesa la nación, caracterizada por 97 días de protestas continuas que “ver niños o jóvenes de 17, 18, 19 ó 20 años morir no es la solución, tenemos que empezar a trabajar para ser mejores padres, amigos, esposos y desde allí construir un futuro diferente y sólido para Venezuela”.

Asimismo, el escalador resalta que la experiencia incrementó su percepción de la relevancia del trabajo en grupo, en equipo, donde “muchas veces teníamos que ir más lento o prestar mayor colaboración al otro” y con firmeza destacó que no descarta volver a intentar la búsqueda de la cumbre del Everest, pues vivo, puede darle continuidad a su sueño de pisar las fronteras terrestres más cercanas al cielo.

Yisneidy Pérez

Fotografía y vídeo: Proyecto 8848 y MásQueDigital / Texto: El Sumario

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