Expertos aseguran que la alimentación emocional de los padres eleva la ingesta emocional de comida en niños en edad escolar



DOBLE LLAVE – A través de trabajo preventivo realizado por investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, el King’s College de Londres y las universidades de Londres y Leeds, en Reino Unido se descubrió que los niños en edad escolar cuyos padres los alimentaron más para calmar sus sentimientos negativos eran más propensos a comer emocionalmente más tarde.

Silje Steinsbekk, profesora asociada de Psicología de la Universidad Noruega, explicó que entender de dónde viene la alimentación emocional es importante porque tal comportamiento puede elevar el riesgo de tener sobrepeso y desarrollar trastornos alimenticios. “Si podemos averiguar qué influye en el desarrollo del comer emocional en los niños pequeños, los padres pueden recibir consejos útiles sobre cómo prevenirlo”, plantea.

Cuando los niños comen para aliviar sus sentimientos negativos, su comida tiende a ser alta en calorías (por ejemplo, dulces) por lo que consumen más calorías. Si emocionalmente comen en exceso a menudo, también son más propensos a tener sobrepeso. La alimentación emocional está relacionada con el desarrollo de trastornos alimentarios posteriores (por ejemplo, bulimia y atracones).

El estudio reveló que los niños pequeños cuyos padres les ofrecían comida para tranquilizarles a los 4 y 6 años tenían más comportamientos de comer emocional a los 8 y 10 años. Pero también, al contrario: los padres cuyos hijos eran más fácilmente consolados con alimentos eran más propensos a ofrecérselos para calmarlos (es decir, para participar en la alimentación emocional). Los hallazgos fueron incluso después de explicar el índice de masa corporal de los niños y los niveles iniciales de alimentación emocional y comer emocionalmente.

Además, los mayores niveles de afectividad negativa (es decir, enojarse o molestarse más fácilmente) a los 4 años subieron el riesgo de comer y alimentarse emocionalmente a los 6 años. Esto contribuyó a la relación bidireccional entre alimentación emocional y comer emocionalmente.

“Sabemos que los niños que están más fácilmente alterados y tienen más dificultades para controlar sus emociones son más propensos a comer emocionalmente que los niños más tranquilos, tal vez porque experimentan más emociones negativas y comer les ayuda a calmarse”, señala el coautor Lars Wichstraem, profesor de Psicología en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología. “Nuestra investigación suma conocimiento mostrando que los niños que son más fácilmente alterados están en mayor riesgo de convertirse en comedores emocionales”, puntualiza.

“La comida puede funcionar para calmar a un niño, pero la desventaja es enseñar a los niños a confiar en los alimentos para hacer frente a las emociones negativas, lo cual puede tener consecuencias negativas en el largo plazo” finalizó.

Ninoska Moncada / @ninoskamci

Con información de ABC

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