No obstante, el famoso lugar de la costa falconiana, cuenta con playas maravillosas, islas con aguas cristalinas y mágicas cuevas



DOBLE LLAVE – Venezuela es un país bendecido con múltiples bellezas y ventajas, que obligan a imaginarnos como una potencia turística, haciendo eco de los recursos naturales que se le han conferido a esta tierra. Chichiriviche de la costa es una de esas tantas bellezas que hay que conocer -obligatoriamente- si se requiere hablar de mágicos lugares.

Efectivamente, esta ciudad del estado Falcón, que da paso directo a los atractivos del Parque Nacional Morrocoy, es una referencia turística nacional importante. No obstante, la crisis socio-económica actual ha causado estragos en el antiguo paraíso, que hoy día sobrevive en medio de construcciones paralizadas, calles de tierra y falta de mantenimiento en las modestas posadas. Aunque es justo señalar, que siempre -más o menos- fue igual y ha sido así.

Los visitantes que van a disfrutar de las playas se llevan sorpresas poco gratas ante el panorama de lo que parece ser un pueblo olvidado en el tiempo.

En honor a la verdad, la bella Chichiriviche merece y necesita atención ya, ahora.

El turismo sobrevive con las uñas

Para disfrutar lo mejor de Chichiriviche es necesario salir del propio pueblo para  aventurarse en las tropicales aguas del Caribe, ya una vez allí, todos los cayos, sea Sombrero, Sal, Muerto, Peraza o Pelón, son un paraíso idílico que te lleva a olvidar el mundo.

Además, una visita a la historia y tradición criolla te espera en la Cueva del Indio, que muestra petroglifos de más de 3.500 años de antigüedad, y en la Gruta de la Virgen, donde muchísimas personas han brindado testimonio de su devoción, agradeciendo un sinfín de promesas con hermosas estatuillas y placas que decoran la estructura rocosa, que sobresale en medio del mar.

Aunque todo parece servido para la explotación del turismo, lo cierto es que la crisis ha azotado fuertemente a la comunidad y los lancheros se han visto obligados a elevar estrepitosamente los precios para poder cubrir medianamente los mantenimientos de las embarcaciones que transportan a los visitantes, desde el malecón hasta el paraíso.

“El ministerio de Turismo no nos presta la mínima colaboración para cubrir los repuestos de las lanchas y todo se ha triplicado, un motor sencillo fácilmente puede sobrepasar los 100 mil bolívares, y solamente la lona que funge de techo para protegernos del sol, pasó de cinco a 40 mil”, aseguró uno de los transportistas del puerto Virgen del Valle.

Los paseos van desde tres mil (un cayo) hasta 50 mil bolívares (un recorrido con hasta ocho paradas), “afortunadamente las personas siguen interesadas en conocer las bellezas de Venezuela, pero la verdad es que el deterioro de los equipos, la falta de comida en los restaurantes y la apariencia descuidada de las casas, desalienta a más de uno”, comentó María Aguirre, artesana que ofrece recuerdos al pie del puerto.

Todo se ha visto afectado por la escasez y la falta de inversión, las posadas se han visto limitadas a la hora de ofrecer comidas en los paquetes de hospedaje, y los restaurantes han tenido que recurrir a una gastronomía poco playera por los elevados costos de los productos del mar.

El esfuerzo y reto es para todos

Aunque es necesario que los entes especializados se detengan a mirar lo que han descuidado, ayer y hoy, también es cierto que la concientización es trabajo de todos, así como aprender a cuidar y desarrollar armónicamente nuestros sitios turísticos es una misión, que además de potenciar nuestras riquezas naturales ha de evocar el amor que tenemos por lo nuestro.

La falta de algunos productos y hasta el descuido de fachadas se entiende en medio de la emergencia, pero la desatención que muestran las calles sucias y el puerto lleno de botellas vacías, es algo injustificable para los turistas y un reto para los propios pobladores que viven del tránsito de esas calles. La labor social no es solo un requisito académico, es también un requerimiento humano.

Por tanto, el llamado y sugerencia es a pobladores, lancheros, artesanos, y ¿por qué no?, a estudiantes, que si desean realizar un servicio voluntario o cumplirlo por requerimiento expreso de la ley, pueden limpiar las playas y los puertos, crear cultura y educación, para así poder disfrutar todos de un paraíso pleno.

Venezuela está enfrentando una acentuada crisis económica, política y social, sentarse a hacerse eco de ello es tan inútil, como no centrarse en procurar soluciones, y ciertamente, una de las acciones que nos permitirá sobreponernos, es repotenciar el turismo. Entonces, enfoquémonos en la recuperación de lo que por naturaleza ya es una bendición.

Yelimar Requena

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