Desde recorrer varias farmacias hasta métodos no tan comunes; los venezolanos tratan de evitar embarazos y ETS



DOBLE LLAVE – “El producto no está disponible en este momento” y “no disponible” son las respuestas que se consiguen al buscar en las páginas web de las principales cadenas farmacéuticas del país cualquier píldora anticonceptiva.

En un país en que los jóvenes inician su vida sexual alrededor de los 16 años, la falta de métodos de protección sumado a los altos precios de los que sí se encuentran han puesto en jaque el placer.

“No puedo hacer de las pastillas parte de mi presupuesto porque mi sueldo de licenciada no me da”, asegura Carla de 23 años pues recientemente algunas marcas volvieron al mercado, de forma limitada, con un costo que oscila entre 23 mil y 45 mil bolívares. Por ahora puede “disfrutar” tranquila pues tiene algunas, sin embargo expresa que en lo que se le acaben, se pondrá el implante subdérmico.

En esa misma onda, Andrea afirma que colocarse el implante, hace ya casi un año, fue de las mejores decisiones pues “está más tranquila” al no tener que “recorrer miles de farmacias” y contar con protección por unos cuatro años.

“Las mujeres han investigado y ya saben que existen otras posibilidades además de la píldora, en algunos casos ya sabían que existía el implante por ejemplo, solo que no querían tener algo así colocado, pero ahora no les importa, buscan información con tal de no quedar embarazadas“, narra la ginecóloga Obdilia De Barros.

En contraste con Carla y Andrea, Marina de 32 años cuenta con total honestidad que su segundo hijo fue producto de la falta de preservativos pues ni ella ni su esposo podían costear ningún tipo. “No estábamos buscando otro bebé, especialmente en esta situación y después de casi siete años del primero, pero bueno, fue lo que pasó”, dice.

Aunque socialmente el evitar un embarazo o Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) ha sido catalogado como una responsabilidad femenina, los hombres también se preocupan por no traer vida al mundo o contagiarse de algún virus como es el caso de Julián, un estudiante, quien manifiesta que su método de preferencia son los condones pues “es lo más normal”.

Ángela de 28 años de edad y con ocho meses de embarazo difiere con Julián  y explica que la falta de píldoras fue lo que la hizo quedar en estado. “El cambio de pastillas provocó que al final ninguna tuviese efecto, y no confiaba en los preservativos porque pueden romperse”.

Aunado al riesgo del látex, muchos afirman que las marcas disponibles en las farmacias no tienen la calidad de otras. Las no tan conocidas cuestan alrededor de 4 mil bolívares, mientras que aquellas con buena reputación doblan ese precio.

Mientras unos eligen otras opciones (como el dispositivo intrauterino (DIU), las inyecciones, el parche o la píldora de emergencia), se arriesgan o se abstienen, la mayoría de los venezolanos, en pareja o no, vive lo mismo que Irene, quien confiesa buscar con fidelidad y “como loca en todas partes” sus pastillas, desde farmacias hasta grupos de venta e intercambio por redes sociales donde denuncia que “la han estafado”.

A finales de 2016 el presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela, Freddy Ceballos, declaró que la escasez de anticonceptivos en el país se situaba en un 90%.

Alejandra Watts / @alejandra_watts

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