La situación de los países que integran la organización a fines de 2016 deja incierto del destino de la misma, por elle debe definir su norte de inmediato



DOBLE LLAVE –  La imagen de cinco tripulantes que discuten a bordo de una embarcación el rumbo que deben tomar en alta mar mientras el temporal arrecia parece representar la situación de los países que integran el Mercosur a fines de 2016.

La última reunión de ministros de Relaciones Exteriores, realizada el 14 de diciembre en Buenos Aires, finalizó en escándalo cuando Delcy Rodríguez, la canciller de Venezuela, fue impedida de participar debido a que su país había sido suspendido por los otros integrantes al no adherir, luego de cuatro años, a las normas requeridas en el estatuto interno del bloque.

Rodríguez clamó que todo se trata de un “golpe de Estado” en perjuicio de Venezuela, que hasta ese momento se encontraba en ejercicio de la presidencia pro témpore del Mercosur, y denunció que la seguridad de la Cancillería argentina la golpeó para detener su ingreso a la reunión. A su arribo a Caracas fue condecorada por el presidente, Nicolás Maduro.

El Mercosur dejó de ser para Venezuela un lugar placentero. En 2012, cuando pudo ingresar al bloque, gobernaba Hugo Chávez y en la región tenía el aval político e ideológico de los mandatarios de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; de Uruguay, José Mujica; y de Brasil, Dilma Rousseff. La falta del aval del Parlamento paraguayo fue superada con la suspensión de este país del bloque tras la destitución del presidente Fernando Lugo.

En 2016 la llegada al poder en Argentina de un político de centro-derecha como Mauricio Macri; la destitución en Brasil de Rousseff y el ascenso de quien era su vicepresidente, Michel Temer; el regreso de Tabaré Vázquez en Uruguay; y el mandato vigente de Horacio Cartes, de perfil similar a Macri, en Paraguay, transformaron el panorama para Venezuela, que vive en una disputa política y social a nivel interno.

Los cambios ocurridos en las más de dos décadas que lleva vigente el Mercosur “han sido un reflejo de las orientaciones ideológicas de sus miembros”, por lo que se espera que sus planteos diplomáticos y comerciales se alejen de las posturas sostenidas por Venezuela, dijo a dpa Federico Merke, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, en Buenos Aires.

“El escándalo vivido en lo que respecta a Venezuela -sostuvo Merke-, más allá de lo impropio, exhibe la crisis profunda que el Mercosur vive internamente y su debilidad”.

Mientras Delcy Rodríguez chocaba con los guardias de seguridad, en la Cancillería argentina los ministros de Relaciones Exteriores los miembros del Mercosur acordaron avanzar lo más rápido posible hacia un acuerdo de comercio con la Unión Europea (UE), postergado en varias oportunidades desde hace seis años.

Venezuela es el único de los cinco integrantes que se opone a este vínculo, lo que impide su concreción. Pero mientras rija la suspensión decretada por el resto, se abre la posibilidad del acuerdo aunque en un terreno todavía inestable y conmocionado por el Brexit en el Reino Unido.

“Tenemos un mandato para lograr un acercamiento con la Comisión Europea e imprimirle una veta más política. Si se deja pasar el tren, otros lo pueden tomar”, advirtió ante la prensa la canciller argentina, Susana Malcorra.

Mientras tanto, Uruguay decidió avanzar hacia un tratado de libre comercio con China, la segunda economía más fuerte del mundo, pese a las reticencias mostradas por el resto de los socios.

La postura uruguaya plantea otra discusión en el Mercosur: continuar siendo un mercado común, con un arancel externo único y una postura más proteccionista, o transformarse en una zona de libre comercio que vire hacia una gradual liberación. “Eso significa discutir el Mercosur a fondo”, consideró Merke.

“El Mercosur necesita un sinceramiento urgente para definir hacia dónde quiere ir en los próximos 20 años”, resaltó Dante Sica, director de la consultora argentina Abeceb.

Tras la suspensión de Venezuela, que se encuentra en una suerte de período de apelación, la presidencia pro témpore del Mercosur quedó en manos de Argentina para los próximos seis meses. Será un nuevo período para buscar un consenso con el resto de la tripulación sobre cómo sortear la crisis interna, eludir la tormenta y llegar a destino.

 Gabriel Tuñez (dpa)

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