Algunas organizaciones atienden primero a las víctimas aún si el atacante está en peores condiciones



Cuando la capitana Paz Rokach atiende a palestinos heridos, a menudo éstos le insultan. Pero esta mujer delgada y alta, de 24 años y pelo castaño es la paramédico más joven de entre los militares. Desde que comenzara la oleada de violencia hace más de cinco meses, ella ha sido la primera en llegar al lugar de los hechos.

Cuando la llamaron el mes pasado para que acudiera a un supermercado en una colonia, la imagen que tenía ante sí era terrible. “Dos agresores de 14 años yacían en el suelo con heridas de bala”, explicó Rokach, que sigue viviendo con sus padres. “Habían perdido mucha sangre”,

Los jóvenes palestinos acababan de matar con un cuchillo a un soldado de 21 años y habían herido gravemente a otro israelí. Un vigilante les disparó para detenerlos.

El personal médico que atiende estos casos se encuentra ante el dilema de a quién tratar antes, ¿a los agresores heridos o a la víctima?

Para Tami Karni, presidenta del Comité de Ética del Colegio de Médicos, la respuesta es clara: “Hay que tratar a los heridos según la urgencia médica que presenten y salvar tantas vidas como sea posible”. Y apostilla: “La norma es tratar a todos igual, aun cuando se trate de enemigos”.

Los paramédicos palestinos acusan al Ejército de Israel de impedir que se acerquen a los palestinos heridos. A menudo permanecen tanto tiempo en el suelo hasta que se desangran. Rokach señala que en caso de duda, el Ejército tiene prioridad para procurar la atención médica. “A la mayoría los atendemos nosotros mismos cuando está comprobado que no llevan una bomba o armas”, dijo.

En un atentado en Jerusalén, ella fue la que atendió a los agresores. “Primero comprobé si todavía tenían pulso”. Uno de ellos la miró y murmuró un par de palabras, relató. Consiguió estabilizar al joven agresor y después este fue trasladado a un hospital en Jerusalén. Parece absurdo, pero a menudo víctimas y verdugos están separados por apenas unas pocas habitaciones.

Desde comienzos de octubre se han registrado cerca de 230 ataques con armas de fuego, cuchillos y coches. Más de 150 se registraron en Cisjordania. Hay cientos de heridos y 29 israelíes han sido asesinados, pero también han muerto más de 180 palestinos, la mayoría de ellos, abatidos tras el ataque, y miles resultaron heridos en los enfrentamientos.

Médicos y paramédicos del Ejército aseguran que el tratamiento se realiza siempre teniendo en cuentas las heridas más graves, independientemente de quién se trate.

El servicio de emergencias judío, sin embargo, no procede de la misma forma. “Nosotros hemos instruido a nuestros voluntarios que primero tienen que tratar a la víctima, asegura el director de la organización Jehuda Meshi Sahav. “Aun cuando el asesino esté herido grave o su vida corra peligro, se trata primero a la víctima, aunque sus heridas sean leves o de mediana gravedad”.

De esta forma siguen su “lógica moral“, asegura este judío de fuertes creencias religiosas. Y agrega: “Si pudiera, me mataría a mí también aunque lo estoy tratando. Quiere ser shahid (mártir) y morir”.

La diferencia no tiene nada que ver con la confesión religiosa, agrega en una entrevista con el portal de noticias ynet. Él sólo diferencia entre agresores y víctimas, sin importar su creencia religiosa.

“Es un acto de enorme fuerza psicológica tratar a un terrorista herido”, comenta la militar Rokach, que siempre porta su arma reglamentaria consigo. “Para el soldado es también muy duro”, agrega. “Hay imágenes que a uno nunca se le van de la cabeza”, insistió.

La Media Luna Roja palestina, por su parte, sí trata a los soldados israelíes palestinos. “La voluntad de salvar vidas” es como un puente, señala Rokach, que ha crecido en el seno de una familia religiosa. “Si se quiere salvar a alguien, da completamente igual el color de la piel, la raza o pañuelo en la cabeza”.

La joven tiene la sensación de encontrarse continuamente en el centro de la tormenta, pero señala que es adicta al trabajo. “A menudo me llaman también el fin de semana y mi novio entiende que apenas tenga tiempo.

El área en la que se mueve Rokach, cerca de la base militar en la colonia de Beit El, en el norte de Cisjordania, es una zona de alta tensión. Se encuentra junto a la ciudad palestina de Ramala y actualmente se registran allí cada semana entre dos y cuatro ataques.

Daniel Salach, de 19 años, se encuentra desde hace un año en el Ejército, donde está ejerciendo de auxiliar sanitario. “Hay que tener un estado de ánimo estable para aguantarlo“, comenta el joven.

Los palestinos de los pueblos aledaños llevan a los pacientes que sufren un ataque al corazón o los niños que se han fracturado algún hueso a la entrada de la base militar. “Saben que nosotros tratamos a todos”, dijo Rokach.

A pesar de las hostilidades subliminales contra la potencia ocupante israelí, uno tiene la sensación que hay cierto aprecio”, señala la joven paramédico. “Muchos me lo agradecen sin palabras, sólo con una sonrisa”.

Redacción Doble Llave.

Con información de dpa.

Fotografía REUTERS/Stringer.

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