Entre las expresiones coloquiales del venezolano se ha acuñado este término para referirse a personas que revenden productos regulados por el Estado. ¿Sabes por qué sucede y quiénes lo atacan?



En Venezuela el bachaqueo se ha convertido en el qué hacer diario de muchos ciudadanos. Esta actividad, que comenzó con el contrabando de gasolina y alimentos desde nuestro país hacia el vecino Colombia –como provecho de la débil paridad cambiaria entre el bolívar y el peso– se ha extendido a lo largo y ancho del territorio nacional. Ya no sólo se bachaquea entre países, ahora se hace desde los supermercados y abastos hasta los lugares de venta informal en una misma ciudad.

Este nuevo “trabajo” afecta a todos los productos que se venden dentro del país: línea blanca, línea marrón, repuestos para vehículos y medicamentos, por mencionar algunos.

Hace año y medio, una joven de 32 años y madre de cinco niños se hartó de que la inflación (que se acerca al 100% anual) devorara sus ingresos. Así se montó en el tren del bachaqueo de leche, harina o pañales.

A las dos de la mañana se levanta y baja del cerro donde vive en una casa de ladrillos y techo de zinc, y hace horas de cola en supermercados. Para adquirir una mayor cantidad de productos a los permitidos, se vale de contactos o de la duplicación de cédulas. Luego los revende a personas que no tienen tiempo o ganas de hacer cola, pidiendo hasta cinco veces más del precio real. “En un día puedo ganarme hasta 6.000 bolívares (casi un salario mínimo mensual), mucho más de lo que ganaba antes”, explica.

Para Krisbell Villarroel, madre soltera de 22 años, el día también comienza a las 2 de la madrugada. Luego llama a sus amistades y les pregunta qué venderán ese día. “Ese es mi día a día: Salir de la primera cola a las 10 am y quizás irnos a otra para ver qué están vendiendo. Y pasar el día así a ver qué conseguimos. Quizás en un abasto conseguimos leche, azúcar o café, pero en otro hay harina, arroz, pañales o champú”, relata.

Pero ella no debe apostarse en la calle para vender sus productos, porque tiene clientes. Son “personas de casas de familia que no tienen tiempo o necesidad de estar en una cola. Son empresarios, tienen su vida propia y cómo pagarle a alguien”, indica.

Estas historias se repiten a lo largo y ancho del territorio venezolano y muchos han abandonado sus empleos formales para dedicarse a esta actividad, acción que afecta el crecimiento y desarrollo económico del país.

Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis, explica que a medida que aumenta la escasez, producto en parte por el bachaqueo, cada vez más gente acude al mercado negro.

“Cuando controlas el precio y obligas a vender a un precio menor al precio de equilibrio generas un exceso de demanda. Le estás entregando un estímulo a las personas para que compren mucho para reservar en su hogar o para revender y obtener ganancias excedentarias”, agrega.

El gobierno de Nicolás Maduro asegura que este fenómeno es parte de una “guerra económica” de los empresarios y opositores. El pasado mayo, el primer mandatario nacional exhortó al ministro de Alimentación, Carlos Osorio, a la clase obrera y a las comunas a fomentar los Pdval, una red de producción y abastecimiento seguro y a precios justos que instauró. “Hay que constituirla e ir liberando territorio de bachaqueros, de especulación y de robo”, asegura.

Con respecto al bachaqueo de medicamentos, el presidente de la Asamble Nacional, Diosdado Cabello, informó en junio que se aprobó la importación de medicinas génericas desde Brasil para combatir la escasez producto de la reventa. “Aquí la guerra la vamos a ganar junto al pueblo”, exclamó.

Colombia se enfrenta al bachaqueo

A pesar de que la Superintendencia de Precios Justos (Sundde) sanciona a quienes revenden productos con 200 unidades tributarias y de que la Presidencia de la República prohibió la venta “o cualquier otro medio de intercambio, a través del comercio informal, ambulante o eventual, de los rubros y productos de la cesta básica, insumos, medicinas y demás bienes importados producidos en el país” por medio del decreto 1.348, el gobierno venezolano no ha tomado verdaderas medidas para impedirlo.

En Caracas, los vendedores ilegales ofrecen sus productos frente a las narices de los funcionarios policiales, quienes se hacen la vista gorda. Algunos gobernadores prohibieron hacer colas nocturnas frente a supermercados.

Sin embargo, la Cámara de Representantes del Congreso de Colombia aprobó el pasado 16 de junio el proyecto de Ley Anticontrabando, la cual no menciona a ningún país pero que se cree está dirigida al contrabando de gasolina y alimentos sustraídos desde Venezuela y que llegan al comercio informal colombiano.

La ley establece que “dependiendo de los montos de las mercancías, las nuevas penas alcanzan hasta los 16 años de prisión, desde las actuales de entre 3 y 5 años. Adicionalmente, se tipifica el contrabando como conducta constitutiva de lavado de activos, al tiempo que se endurece el castigo a los funcionarios públicos que participen o ayuden en el delito, en el que convergen narcotraficantes, guerrilleros y bandas del crimen organizado”, según anunció la Secretaría del Congreso.

Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda colombiano, afirma que su economía pierde anualmente más de 2 millones de dólares por contrabando. Debido a esta cifra, Cárdenas asegura que “se hace necesario adoptar medidas que permitan afectar a las mafias que han captado sectores importantes del comercio”.

Según cifras oficiales del Ministerio de Petróleo venezolano, por vía del contrabando salen del país unos 100.000 barriles diarios de petróleo, lo que equivale a más de 3.500 millones de dólares. Pero entre combustibles y alimentos la nación llega a perder más de 10 mil millones de dólares anuales.

De acuerdo con Billy Gasca, secretario general de Gobierno del Zulia, esta ley “castiga a los grandes contrabandistas, pero no a los pequeños, por lo que el bachaqueo en Venezuela no se verá afectado”.

A su juicio el precio de los productos contrabandeados a mediana y baja escala aumentará, puesto que la ley estipula mercancías por encima de los 50 salarios mínimos colombianos, mientras que en el caso de la gasolina se trata de cantidades superiores a los 74 litros.

“Esto es una legalización tácita del comercio informal que se alimenta del contrabando. Es decir, que habrá una fragmentación de la mercancía para poder comercializarlas por debajo de lo que establece esa ley”, dijo.

El ciudadano venezolano también combate el bachaqueo

Desde que la dificultad por obtener insumos comenzó, muchos intercambiaban cosas con familiares o amigos. Actualmente el trueque ha tomado otras características y se realiza desde las redes sociales.

Otro de los motores de este método es la molestia que sienten muchos ante el abuso de bachaqueros que compran productos regulados y los venden muy por encima del precio establecido por ley.

Estas personas incluso comparten una especie de código de ética para facilitar las operaciones y resguardarse de posibles peligros. De acuerdo a un sondeo realizado por El Estímulo, las normas a tomar en cuenta son:

  • Hacer intercambios justos: Se realizan de acuerdo al precio que marque la etiqueta. Idealmente se cambian artículos con costos similares, sino se intercambiará el producto de mayor valor por varios que equiparen su costo.
  • Fuera bachaqueros: Las comunidades digitales tienen como principio excluir a las personas que se dediquen a especular con insumos regulados. Si se sospecha de que alguien especule, será sacado inmediatamente de todo intercambio o venta.
  • La seguridad es lo primero: Cuando se intercambia con desconocidos es recomendable hacerlo en lugares públicos conocidos por ambas personas y durante el día.
  • Sea claro: Se debe ofrecer la información detallada del producto (precio, marca, tipo de envase, peso), para no llevarse una sorpresa desagradable.

Ante esta situación, queda preguntarse si como ciudadanos se quiere un país de desorden o uno donde las estructuras funcionen y todos puedan beneficiarse de los productos que hay en anaqueles. Aunque no sea tarea fácil, la honestidad es la virtud que permitirá medir si en el fondo se contribuye con la dura situación o no.

Amanda Gómez

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