El Watergate provocó en EE.UU. la dimisión del presidente Nixon



Gracias, principalmente, a dos periodistas del diario The Washington Post, en junio de 1972 estalló el escándalo Watergate en Estados Unidos. El gobierno del en ese entonces presidente Richard Nixon estaba implicado en una red de espionaje político, sobornos y uso ilegal de fondos que se llevó a cabo durante su campaña electoral. Esto desembocó en la dimisión del presidente, el ocho de agosto de 1974.

En junio de 1972, cinco hombres conocidos como “Los plomeros de Watergate” fueron arrestados tras ser acusados de espiar al Comité Nacional Demócrata desde el hotel Watergate, ubicado en Washington. Todos formaban parte de la Operación 40 de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés), encargada de llevar a cabo acciones terroristas contra Cuba. Fueron acusados de intento de robo y de haber interceptado comunicaciones.

Durante las investigaciones se descubrió que los cinco asaltantes del Watergate fueron contratados y pagados por Howard Hunt, otro agente de la CIA, quien dirigió varias operaciones contra Cuba y preparó varios atentados contra el líder de la revolución cubana, Fidel Castro.

Varias grabaciones de conversaciones en la oficina de Nixon, desde principios de 1971, fueron las piezas clave para esclarecer el escándalo. Por su parte, los dos periodistas del diario The Washington Post que realizaron la investigación, Bob Woodward y Carl Bernstein, revelaron detalles del caso y acusaron al presidente Nixon de intentar detener las investigaciones.

Hasta ese momento, ser presidente de Estados Unidos era inherente a llevar un aura de buen ejemplo y limpieza. La política y el poder eran vistos como las manifestaciones ejemplares de buena ciudadanía y civismo. Esa imagen se corrompió luego del escándalo.

Igualmente, las funciones que llevaron a cabo Woodward y Bernstein fueron toda una novedad: el grado de investigación que realizaron marcó un punto de quiebre en la evolución del periodismo norteamericano y mundial, el cual empezó volverse más investigativo y, en reiteradas ocasiones, un ejercicio contra el poder.

Tras revelarse el caso de espionaje, la mayoría de los funcionarios renunciaron a sus cargos. En los siguientes años salieron a la luz más elementos que vinculaban a Nixon, como varias cintas que evidenciaban la grabación de conversaciones y llamadas telefónicas.  El periodismo había logrado lo que las instituciones encargadas de velar por la seguridad no pudieron hacer: desenmascarar uno de los más grandes crímenes de la historia de Estados Unidos.

El espionaje continúa

Las últimas filtraciones de WikiLeaks señalan que Estados Unidos sigue con su política de espionaje ilegal en varios países. Un informe del diario británico The Times reveló que las agencias de inteligencia del país norteamericano han espiado al presidente ruso Vladimir Putin en los últimos 20 años.

También en 2013, el exagente de la NSA, Edward Snowden, reveló que la canciller alemana, Ángela Merkel, había sido vigilada de cerca. Mientras que el sitio web WikiLeaks informó que esa misma agencia espió a los tres últimos presidentes de Francia. Según el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, el 98 por ciento de las comunicaciones en Latinoamérica son interceptadas por la NSA.

Esta información, que ha sido noticia en los últimos días, es la muestra de que desde el Watergate las organizaciones de poder no han sido vistas de la misma forma: se ha redoblado la vigilancia y la investigación hacia las mismas; igualmente, la aparición del Internet le ha dado otra dimensión al periodismo investigativo, permitiendo que portales web desenmascaren hechos de corrupción y violaciones a la ley.

LS

Con información de TeleSur.

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